Recuerdos

La cocina en Buera es la típica del Somontano, basada en los recursos de la tierra y la ganadería y adaptada a la vida rural, a las labores del campo y al aislamiento que estos lugares, con muy mala comunicación, han sufrido durante siglos.

Mis recuerdos son de los años cincuenta, cuando las comunicaciones todavía eran precarias. En aquellos tiempos, nadie tenía "auto", se labraba con bueyes, se trillaba con trillos, se aventaba con forcas... Voy a recordar un día de vendimia.

Por la mañana "a punto día" los hombres, se preparaban con un buen almuerzo: Un plato de sopa de ajo caliente y chullas o huevo con tomate frito ("reite" del beicon de los ingleses). Otras veces, en lugar de la chulla, si se había matado algún cabrito, se servía esa inigualable fritada con sangre que sólo en Buera he comido con ese sabor, que al recordarlo, se me hace la boca agua. A veces la sopa de ajo se sustituía por "farinetas" o semola (sémola). No quiero ni pensar en esos sabores...

A media mañana, los hombres paraban a tomar un buen trago de vino que acompañaban con pan y tocino. Cada uno tenía su "corte" (navaja) con el que se ayudaban, lenta y pausadamente en su refrigerio. Cargaban las caballerías con los cuévanos repletos de rubios racimos de uva, y me enviaban al pueblo con ellas. Casi siempre el perro me acompañaba.

Cerca de la hora de la comida, mi abuela  preparaba unas cestas con la comida y me enviaba de nuevo al monte. Cuando llegaba, las mujeres ya habían encendido el fuego, en una especie de barbacoa hecha de piedras, improvisada allí mismo. Los tomates, las cebollas, las lechugas del huerto y el aceite de casa, confería a aquella ensalada de un aroma y un sabor irrepetibles hoy en día. Después o algún guiso, o recao (para morirse), o tortilla, o carne a la brasa algún día especial...

Mas tarde me enviaban de nuevo, con el burro, los cuévanos, las rubias uvas y el perro de vuelta a casa. Mi abuela me daba de merendar, según me apeteciera. Podía elegir entre pan con vino y azúcar, pan con aceite y azúcar, pan con chulla, pan con arenques... Como veis, mi abuela me premiaba con una merienda de marqués, aunque yo había comido más uva que vendimiado.

Ya la cena casi siempre era la misma. Un plato de dulces pepinos, cortados en finas rodajas y bañados en un caldo compuesto de vinagre, sal aceite y ajo, que el que lo ha  probado, sabe lo especial que es. Después un plato de verdura hervidas con patatas y para los mas hambrientos, un huevo o dos o algo de pollo. La sobremesa se pasaba escuchando la radio y escoscando almendras.

Otro de mis platos predilectos son las chiretas, plato del Somontano, único en el mapa gastronómico mundial. Y en época de matanza, la morcilla de arroz con piñones, la mejor del mundo (con permiso de las de Burgos -o sin permiso-) y las tortetas, otro plato muy especial de la zona. Fritas con huevos, están deliciosas. Estas cosas, todavía me doy el gustazo de comerlas de vez en cuando, pues se pueden encontrar en las carnicerías de Barbastro, y nunca olvido de comprar cuando voy y tengo tiempo.